domingo, 1 de marzo de 2015

TRAPECIO

El trapecio volaba estelando la lona 
del circo que siempre fue ambulante.
Volteretas y volapiés del artista.
Camino de sonrisas y expectación
en el huevo, el testículo bramante
del templo de la ilusión.
El tráfico de las pupilas atentas
empujaban al artista. La red, esperaba.
Y esos ojos, cansados de informática,
de datos, de trabajo, de presión,
acogían al trapecista que flotaba.
¡Birli Birloque no daba crédito!
¡Magia, fantasía, fuego!
La locura del circo se apoderaba
mientras el público aplaudía.
Pero un sueño, un pensamiento....
cruzó la mente del artista,
una idea, un virus inesperado, 
un recuerdo transversal 
                         de                   su
                         com                pa
                          ñe                   ro 
                             de fantasías.
La red esperaba. Sí, si. La red esperaba esta vez.
Y esta vez sólo fue el esternocleidomastoideo,
mal menor de una ilusión.
de una vida que da vida,
de un sacrificio circense,
largo, eterno, mineral,
breve, escogido, generoso.
Con red, sin red, el público se entrega
al amor viral del artista.

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